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Nepal: Patan y Templo de Swayambhu, Katmandú

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Templo Dorado, Plaza Patan Durbar

Padam nos lleva a Patán en nuestro segundo día en Katmandú… Padam Bhandari es nuestro guía de Nepal Adventure Point, y Patan es uno de los tres Reinos antiguos del Valle de Katmandú, fundado en el año 299 por la dinastía Newar!

Plaza Durbar de Patan

El taxi nos deja en la plaza que da a la antigua Ciudad de Patan. A unos 8 km del centro Katmandú, este es quizás el conjunto histórico más llamativo de Nepal, entre los numerosos sitios reconocidos por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad. Bautizado en la antigüedad con el nombre de Lalitpur, su historia data de la era 300 antes de Cristo – impresiona, es una de las ciudades budistas más antiguas del mundo. La convivencia de dos culturas deja un legado abrumador de 136 monasterios budistas y 55 templos hindú.

Cerca del pórtico que da acceso al casco antiguo hay una pagoda antiquísima (250aC), es una de las 4 estupas que demarca la forma casi circular del pueblo milenario, como si fuera la ‘Rueda de Ley’ Budista, la Dharma Chakra – imagínate un timón de barco. En un recorrido por las calles estrechas es evidente la destrucción causada por el terremoto de 2015; los esfuerzos para reconstruir los monumentos dañados (en la mayoría de ladrillo y madera) lleva su tiempo.

Patan es una maravilla por descubrir, más auténtica que la turística Thamel donde nos alojamos, es famosa por la calidad de la artesanía local. Pasamos por delante de los asombrosos templos antiguos, algunos aún en ruinas, y entramos para ver el Museo; ubicado en un antiguo palacio, exhibe reliquias budistas e hindúes únicas y distintivas obras de arte. Un tesoro inmenso que recoge parte de los 1,200 monumentos budistas listados en Patan al día de hoy.

Un pórtico conduce al patio de un pequeño monasterio budista del siglo XII conocido como el Templo Dorado (Hiryana Varna Mahabihar). Es una hermosa pagoda de 3 pisos decorada con pinturas y esculturas que muestran la vida de Buda. Bajo las arcadas alrededor del patio, damas vestidas de manera tradicional preparan ofrendas de flores. Una capilla adornada en oro es la pieza central; otros detalles de interés incluyen una gran rueda de oración, la torre del reloj y el altar flanqueado por una estatua en la parte posterior.

En un lugar que tiene sus raíces en tiempos remotos, sorprende ver un pueblo tan vivo y animado – vecinos charlan a la sombra de los pórticos, las mujeres comprando en los puestos callejeros o frotando la colada en el lavadero público, algún vendedor en bici, artesanos trabajando en sus galerías, y niños jugando en los templetes… es como adentrarse a un maravilloso mundo medieval.

La Plaza Durbar de Patan se encuentra en pleno corazón del casco antiguo, el punto de referencia rodeado por un conjunto de templos y monumentos extraordinarios.  El Krishna Mandir es el templo de más relevancia, construido en el siglo XVII como homenaje al dios Hindú Shriva, destaca sobre todo por sus pináculos de oro y una arquitectura de piedra grabada que perdura en el tiempo. El Palacio Real es otra joya, un complejo grandioso con tres patios principales, o ‘chwoks’ como se les denomina en nepalí, además templos, capillas, figuras mitológicas y un exquisito baño ritual.


Swayambhunath Templo de los Monos

Padam, Rhidam y Sabina con Juan en la entrada al Templo de los Monos

Juan y yo conocimos a Sabina, la mujer de Padam, y a su joven hijo Rhidam. Los cinco caminamos por las calles de Katmandú hasta el ‘Templo de los Monos’, un lugar sagrado de peregrinación en un cerro junto al río Bagmati.  Rhidam ama a los monos! Subimos la escarlatina hasta el Templo de Swayambhu, seguidos por los pequeños primates sagrados! Según la leyenda, hace muchos siglos los dioses vivían en esta colina mirando el lago más bello del mundo… un lugar paradisiaco que terminó por secarse, que conocemos hoy día como el Valle de Katmandú.

Swayambhunath existe desde el siglo V, o quizás antes, siendo uno de los lugares religiosos más antiguos del país. Una cúpula brilla entre los árboles, el oro puro que corona una gran estupa blanca, el centro de atención en medio de una explanada colgado de banderas de oración.  Los simbólicos ojos de Buda saludan a los peregrinos descansando después de tal subida, parecen mirar con paciencia a los domingueros tomando selfies con su imagen de fondo y con las demás esculturas consagradas.

Toda la zona es muy pintoresca. Los senderos llevan a más rincones santos, templos y capillas hindúes o budistas… tocamos las ruedas de oración mientras caminamos a su alrededor en el sentido de las agujas del reloj, el aroma del profuso incienso en el aire. Un perro callejero (uno de los muchos en Nepal) yace al lado de la vaca sagrada, su frente pintada con el tihar rojo, y los monos juegan en todas partes. Es como un enorme parque con reliquias a descubrir por cada esquina. Alucinante.

Vaca sagrada con el tihar roja en la frente.

En la cima de la colina hay un monasterio tibetano donde contemplo los jóvenes monjes y niños en hábitos naranjas jugando fuera. Pienso que podrían ser huérfanos pero Padam explica cómo en las comunidades étnicas más pobres, persiste la tradición de internar a un hijo, asegurando su cobijo, alimento y enseñanza en un monasterio.

La cultura de Nepal sigue siendo muy tradicional, especialmente en las zonas rurales – las mujeres se visten con un colorido sari ‘guniu’ (mujeres casadas en rojo), los hombres con túnicas sobre el pantalón y un sombrero ‘topi’; en los tiempos del festival, las personas son bendecidas con la señal roja de la tijar en su frente. Los jóvenes son más modernos y visten ropa occidental de estilo modesto. Es un país de pobreza y vive por el futuro de sus hijos, asegurándoles la mejor educación, sin duda con mucho sacrificio personal. La población es principalmente hindú, si bien Buda nació aquí, en la ciudad de Lumbini al oeste del Nepal.

Rhidam se cansa y buscamos la salida; hay tiendas de souvenirs y una cafetería en la plaza. Desde aquí se baja a la ciudad por un camino. Ha sido un día de lo más interesante, más si cabe, con Padam contando la herencia cultural y folklore de su querida Nepal.


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